14 de abril de 2026 · Dra. Rochy
Sancocho y balance: por qué un plato tradicional puede ser tu mejor aliado clínico
El sancocho colombiano tiene mala fama injusta en el mundo healthy. Si miras su composición real, tiene más sentido nutricional que muchos bowls de moda.
Cada vez que subo un Reel de sancocho aparece el comentario clásico: “doctora, eso engorda muchísimo”. Cada vez que lo recibo, respondo lo mismo desde mi experiencia clínica: el sancocho, bien hecho, es uno de los platos más equilibrados de la cocina colombiana.
Qué tiene un sancocho real
- Proteína magra (gallina criolla, pescado o costilla, según la región).
- Tubérculos con fibra (yuca, ñame, plátano, mazorca).
- Caldos minerales por la cocción larga del hueso.
- Verduras y especias (cilantro, cebolla larga, ajo).
Eso, en términos clínicos, es un plato completo con macronutrientes balanceados. Lo que sí es un problema es servirlo con cuatro porciones, repetir tres veces y comerlo con arepa, aguacate y arroz al lado. Ahí ya no estamos hablando del sancocho, estamos hablando de la porción.
La trampa de demonizar lo tradicional
En LATAM hemos aceptado un mensaje que viene de fuera: lo nuestro es enfermizo, lo importado es saludable. Esa idea ha hecho que mujeres en mi consulta lleguen sintiéndose culpables por darle sancocho a sus hijos un domingo. Eso es absurdo.
Mi posición es clara: lo tradicional no es enemigo, lo industrial sí. La cocina de la casa, hecha con ingredientes reales, gana siempre frente al ultraprocesado disfrazado de fitness.
Cómo lo enseño a mis pacientes
- Una sopera de sancocho equilibrado al almuerzo, dos veces por semana.
- Suficiente para sentirte llena, no tres platos.
- Ensalada criolla al lado (aguacate, cebolla, tomate, limón).
- Un poco de yuca o plátano según la actividad física del día.
Y se acabó la culpa. Comer sancocho con tu familia no te aleja de tu meta. Te recuerda quién eres.